BELLI ASEGURA: LA SOLEDAD NO ME DEJA SOLA

Guadalajara, Jalisco 31 agosto 2026.- Para Gioconda Belli (Managua, 1948), la palabra nunca ha sido sólo una herramienta literaria. Ha sido una forma de nombrarse, de desafiar el poder, de celebrar el cuerpo, de preservar la memoria y de imaginar otros mundos posibles.

 Desde el exilio que hoy vive en España, la escritora nicaragüense, reconocida con el 36 Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances -octava mujer en recibirlo-, sostiene que escribir también implica una responsabilidad frente a la época que toca vivir.

 “Tenemos que tener voces que nos sepan decir lo que estamos pasando”, afirmó durante una conversación a distancia con medios de comunicación tras conocerse el fallo del galardón, que recibirá el 28 de noviembre durante la inauguración de la 40 edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

 Belli habló desde la experiencia de quien ha conocido el desplazamiento en carne propia.

 Su primer exilio ocurrió en México en 1975, huyendo de la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua, y ahora, tras ser despojada de su nacionalidad por el gobierno de Daniel Ortega, vive el segundo en España.

 Pero asegura que la escritura le ha permitido no sentirse sola.

 “Ya tengo una obra, no estoy sola ni cuando estoy sola, porque tengo toda esa experiencia y esas ganas de decir”, expresó la autora, también ganadora, en 2025, del Premio Internacional Carlos Fuentes; en 2023 del Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y, también en la FIL, el Sor Juana Inés de la Cruz en 2008 por El infinito en la palma de la mano.

 La experiencia del exilio le ha permitido sensibilizarse sobre la migración y los desplazamientos, adquirir “un sentido de responsabilidad” y abrazar a quienes viven situaciones semejantes.

 Para ello, la literatura puede construir un espacio de encuentro, la palabra.

Del cuerpo y el gozo

 El Premio FIL, que ponderó la fuerza de su voz ante el poder, también celebró su gozo, el haber radicalizado la expresión del cuerpo y el deseo, según advirtió en el falló la académica Carmen Alemany, portavoz del jurado.

 Sobre ello, Belli recordó que comenzó a escribir sobre su propio cuerpo sin imaginar el escándalo que provocarían sus versos en Nicaragua.

 Con el tiempo entendió que aquella escritura respondía a una necesidad colectiva de las mujeres “de afirmarnos, de cantarnos, de ser felices y orgullosas” y “no sentir esa discriminación ni esa culpa que nos han hecho desde el tiempo de Eva”.

 Belli habla del cuerpo desde el gozo, pero también desde la política. Celebrarlo fue una manera de disputar las ideas que durante siglos han intentado imponer a su género.

 “Tengo un sentido de mí misma y de mi ser mujer de mucho orgullo”, dijo.

 Para ella, ser mujer, ser madre, tener un cuerpo capaz de sentir la vida y la naturaleza forman parte de una experiencia que la literatura puede reivindicar.

 Esa mirada sobre lo íntimo nunca estuvo separada de lo colectivo.

‘Un animal político’

 Belli, también autora de Amor insurrecto (1984), De la costilla de Eva (1986), La mujer habitada (1988), El país bajo mi piel (2001) y Un silencio lleno de murmullos (2024), se define como “un animal político”, aunque entiende la política no sólo como militancia partidista, sino como resistencia y participación frente a aquello que ocurre en la sociedad.

 “Siempre he sentido que el don de la palabra tiene una cierta responsabilidad social”, afirmó.

 Su feminismo, explicó, nació también de ese compromiso social y político. Las luchas de las mujeres que ha llevado a sus libros parten de la vida cotidiana y de los espacios privados, pero también de la conquista del espacio público.

 Su escritura ha acompañado las grandes convulsiones de Nicaragua y la propia historia de una autora que alguna vez imaginó un país distinto.

 Se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional para derrocar a Somoza, incluso del lado de Ortega, de quien se distanció tras un giro autoritario, ahora perpetuado en el poder desde hace casi 20 años.

 Belli abiertamente ha levantado la voz contra la nueva dictadura y el abuso de poder; en respuesta, vendría el despojo de su ciudadanía y el exilio, junto a otras voces, como la de Sergio Ramírez.

 Pero se resiste al pesimismo, se reconoce optimista, aunque no desde un terreno ingenuo.

 En medio de la crisis política, el exilio y la migración, mantiene la convicción de que la literatura puede modificar la manera en que las personas miran el mundo.

 “Creo que la literatura puede cambiarnos la manera de pensar, hacernos sentir esperanza, hacernos reflexionar”, señaló, y añadió que es también la palabra la que puede provocar la imaginación y otros mundos posibles en un paisaje en el que las inteligencias artificiales y la tecnología expanden sus dominios.

 “El mundo necesita más que nunca de la palabra”, afirmó la escritora, quien trabaja en una novela sobre Enheduanna, considerada la primera autora conocida de la historia, nacida en la antigua Mesopotamia.

…Y condena indiferencia de México

 Para Belli, México alguna vez fue sinónimo de solidaridad latinoamericana. Por eso, desde el exilio, cuestionó la posición que mantiene actualmente el Gobierno de Claudia Sheinbaum frente al régimen de Ortega y su esposa Rosario Murillo, nombrada copresidenta.

 Con el Premio FIL, aprovecha para amplificar su llamado.

 “Creo que México tiene un papel importante. Estos premios, estas oportunidades que tenemos de dirigirnos a México y hablar con los mexicanos, para mí también son como toquecitos a la puerta íntima de ese México que fue para todos, para muchos, bastión de la solidaridad contra las tiranías latinoamericanas”, afirmó, y que ahora no percibe.

 Belli recordó que el 20 de mayo de 1979 el entonces Presidente José López Portillo rompió relaciones con la dictadura de Somoza, en una decisión que, consideró, contribuyó a precipitar la caída de aquel régimen.

 Frente a ese antecedente, dijo percibir ahora “indiferencia” con respecto a Ortega y Murillo, quienes han cancelado la posibilidad de elecciones futuras.

 La crisis de su país, dijo, ya no puede considerarse un asunto interno.

 Ya están probado por organismos internacionales, sostuvo, los abusos y las violaciones a los derechos humanos cometidos en Nicaragua, y alertó sobre las transformaciones institucionales que, desde su perspectiva, buscan cerrar las posibilidades de alternancia en el poder.

 “Eso está bastante claro que es la voluntad de Daniel Ortega y Rosario Murillo”, afirmó.

 Belli también pidió mayor presión internacional, y explicó que, para quienes permanecen en Nicaragua, expresar una opinión crítica implica riesgos, mientras que quienes salen del país pueden enfrentar la imposibilidad de regresar.

 Según señaló, alrededor de 10 por ciento de la población nicaragüense ya vive fuera del territorio.

 “La presión internacional es dura”, sostuvo, y consideró indispensable que se mantenga.

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