NEGOCIOS BAJO LA SOMBRA DEL PODER

Guadalajara, Jalisco 4 septiembre 2026.- El empresario tapatío Raymundo Gómez Flores, quien falleció el 2 de septiembre pasado a los 74 años de edad, forjó su trayectoria entre los negocios y el poder político.

Dejó una huella en sectores como el inmobiliario, transporte, agroalimentario y financiero, pero también tuvo cercanía con el poder político y las privatizaciones de empresas públicas.

Nacido en Guadalajara el 24 de junio de 1952, Gómez Flores comenzó a trabajar desde joven en Parques y Jardines del Ayuntamiento tapatío y en los negocios familiares de lavandería y transporte. Tras la muerte de su padre, en 1968, asumió junto con sus hermanos y socios el rumbo de los negocios familiares.

Su crecimiento empresarial ocurrió durante las décadas de los 80 y 90. En 1981 fundó Grupo Inmobiliario G (GIG) y posteriormente participó en compañías como Grupo Minsa, Dina, Mexicana de Autobuses (MASA), Estrella Blanca y Almer. En el sector inmobiliario desarrolló viviendas y posteriormente incursionó en parques industriales y turísticos.

Uno de los capítulos centrales de su trayectoria ocurrió durante el proceso de privatización de empresas estatales. En 1989, a los 37 años, encabezó al grupo que adquirió Dina, entonces fabricante de camiones y autobuses. Más adelante participó en la compra de los activos de Maíz Industrializado Conasupo (Miconsa), operación que dio paso al crecimiento de Minsa.

Minsa se convirtió en una de las principales empresas productoras de harina de maíz nixtamalizado del País.

 El empresario también participó en la privatización bancaria. Encabezó al grupo que adquirió Banca Cremi, institución de la que posteriormente salió, y participó en la creación del Banco Industrial de Jalisco, que terminó por fracasar.

Sobre Cremi, el propio Gómez Flores sostuvo que la familia vendió su participación antes del deterioro financiero de la institución y negó haber caído en el Fobaproa.

Ese proceso de expansión fue también parte de la polémica alrededor de su figura. En distintos momentos fue señalado por su cercanía con el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari, particularmente por las adquisiciones de Dina, Minsa y Banca Cremi durante el periodo de privatizaciones. MURAL recogió incluso la percepción de que era uno de los empresarios favorecidos por aquella administración, algo que formó parte de la discusión pública sobre el origen y crecimiento de su grupo empresarial.

 Su actividad empresarial tampoco estuvo separada de los debates sobre el mercado del maíz. Durante los años en que Minsa tuvo una posición relevante en la producción de harina, Gómez Flores apareció entre los industriales involucrados en acuerdos relacionados con el precio de la tortilla y el maíz. En ese contexto, la entonces Comisión Federal de Competencia investigó posibles prácticas de colusión en la cadena maíz-tortilla.

De la IP a la política

 Después de consolidarse como empresario, Gómez Flores dio el salto a la política de la mano del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Fue senador por Jalisco entre 2000 y 2006, periodo durante el cual aseguró que renunció a sus posiciones en empresas y representaciones del sector privado para dedicarse a la función legislativa.

 Su llegada al Senado ocurrió en una elección en la que el PRI perdió en Jalisco, por lo que su representación fue de minoría. Durante su paso por la Cámara Alta impulsó, entre otros temas, una reforma fiscal y participó en asuntos relacionados con desarrollo rural, social y vivienda.

Su incursión política no estuvo exenta de confrontaciones. Durante la campaña electoral de 2000, adversarios panistas lo calificaron de “salinista” y “corrupto”, acusaciones que Gómez Flores rechazó y calificó de infundadas. En aquel periodo también protagonizó enfrentamientos verbales con figuras del panismo jalisciense. Posteriormente buscó recomponer la relación con integrantes del PAN e incluso propuso junto con senadores panistas impulsar el reconocimiento de Efraín González Luna, fundador de ese partido.

En 2006 buscó convertirse en candidato del PRI a la Gubernatura de Jalisco, pero finalmente abandonó la contienda interna y Arturo Zamora Jiménez fue el abanderado. Su permanencia en el PRI fue una constante: él mismo llegó a afirmar que había nacido priista y que moriría priista.

Continuidad

 La influencia empresarial de Raymundo también se mantiene en la siguiente generación. Su hija Altagracia Gómez Sierra es presidenta de Grupo Promotora Empresarial de Occidente (PEO), conglomerado que controla a Grupo Minsa, Dina, Almer y otras empresas. También es coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización (CADERR), que creó la Presidenta Claudia Sheinbaum.

 Su hijo Ararggo Gómez Sierra es presidente ejecutivo de Dina, mientras que la hija menor es Lucía Gómez Sierra.

Tras su muerte, el Gobernador Pablo Lemus lo describió como un empresario visionario y valiente, y un emprendedor tanto en los negocios como en la política.

La sombra del Fobaproa

Las actas del Subcomité del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) documentan el rescate de al menos tres empresas ligadas al empresario jalisciense Raymundo Gómez Flores: Grupo Inmobiliario G, Mexicana de Autobuses (MASA) y el consorcio camionero Estrella Blanca. Gómez Flores fue también ex accionista mayoritario de Banca Cremi y propietario de Grupo Dina, adquirida al Gobierno federal.

 De acuerdo con artículos periodísticos de la época, en la sesión 23 (3 de febrero de 1998) se acordó ceder créditos de Grupo Inmobiliario G de Banco Inverlat a Banco Unión, mediante dación en pago del Hotel Camino Real Acapulco Diamante, valuado entre 24 y 28 millones de dólares, con reservas del 40 por ciento.

 Refiere que en la sesión 2 (20 de mayo de 1997) se atendió el caso de MASA, donde Gómez Flores tenía 10 por ciento de participación vía Transportation Manufacturing Operation. Ante un adeudo de 136 millones de pesos con Bancomer y un terreno de garantía valuado en 85 millones, se aceptó liquidar el crédito aportando un predio de 314 mil 956.77 metros cuadrados en el corredor Cancún-Tulum.

Para Estrella Blanca, consorcio de 21 empresas de autotransporte fundado en 1940, el salvamento fue de mil 489.42 millones de pesos. Trece bancos participaron en créditos por 6 mil 359.4 millones; tras pagos de 781.8 millones, el costo para el Fobaproa habría sido de 5 mil 767.6 millones, 90.6 por ciento del total. Cremi habría aportado 31.94 por ciento de esos créditos.

 En aquel entonces Gómez Flores sostuvo que se desprendió de Banca Cremi antes de la crisis.

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