El famoso productor musical fue interceptado en las calles de la CDMX tras hacerse el desentendido con los mandatos judiciales a favor de la cantante Sasha Sokol.
El mundo del entretenimiento patrio amaneció con los pelos de punta tras confirmarse el arresto administrativo del polémico productor Luis de Llano. Las autoridades capitalinas le cayó de sorpresa en plena vía pública, demostrando que la justicia en los casos de la farándula ya no se anda con juegos ni con paños tibios cuando se trata de proteger a las víctimas de abusos históricos.
La bronca legal se desató porque el conocido creador de contenidos decidió ignorar olímpicamente la sentencia que lo obligaba a morderse la lengua públicamente, ofrecer una disculpa formal y dejar de revictimizar a la exintegrante de Timbiriche. Lejos de acatar las reglas del juez, el productor prefirió hacerse el gracioso y acumular multas económicas que los magistrados ya terminaron por cobrarle con cárcel de golpe y porrazo.
Elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana fueron los encargados de ejecutar la orden de apremio en contra del famoso, llevándolo directito a cumplir su respectivo castigo tras las rejas administrativas. La jugada legal dejó claro que el desacato sistemático frente a los tribunales se paga caro, obligando al influyente personaje a pasar unas horas bien incómodas reflexionando sobre sus desplantes de soberbia.
Por su parte, el equipo jurídico de la cantante no tardó en sacar las garras para aplaudir la medida de presión, advirtiendo que esto apenas es el comienzo si el productor insiste en desafiar la ley. Las leyes mexicanas no perdonan la rebeldía judicial, y los abogados ya dejaron entrever que las sanciones podrían escalar muy pronto hacia terrenos penales verdaderamente graves que pondrían en riesgo su libertad a largo plazo.
Mientras tanto, los pasillos de Televisa y los corrillos de la grilla artística no hablan de otra cosa más que del revés judicial que le propinaron al intocable magnate de la televisión. La caída momentánea del productor marca un precedente histórico en los litigios de la farándula mexicana, demostrando que los tiempos donde los famosos hacían lo que querían con la ley quedaron totalmente enterrados en el pasado.






